breve historia

Soviore fue visitada por diversos personajes ilustres. Los primeros días de mayo del año 996,  durante su viaje a Roma para ser coronado por el Papa, el joven emperador Ottone III pernoctó en Chiesanova de Levanto, en la casa Zattera. A distancia de varios siglos san Leonardo de Porto Maurizio, franciscano, al finalizar una misión en Levanto, junto con el pueblo realizó una visita al Santuario. También han tenido lugar hechos milagrosos que fueron debidamente comprobados.

La estatua

A la estatua, que hasta los años ’70 se presentaba recubierta con vestidura y manto de seda, recientemente se le devolvieron las semblanzas originarias. La mirada de la Madre, más que el dolor, exprime un sentido de serenidad y dulzura, casi presagio de la resurrección del Hijo.

Esta imagen, muy similar a las de origen suabo, fue coronada (la novena en  el mundo) con las coronas de oro, decretadas por el Capítulo de la basílica vaticana, el 10 de agosto de 1749. Cada veinticinco años es conducida a Monterosso al mar, donde durante ocho días se llevan a cabo solemnes celebraciones.

La iglesia

Con las dimensiones actuales, remonta al año 1300. El célebre cartógrafo Matteo Vinzoni nos hace saber que después de la mitad del ‘700 se encontraba dividida en tres naves (algunos capiteles de las columnas actualmente se encuentran en el corredor subterráneo). A comienzos del 1800 fue cubierta con la actual bóveda; y se cuenta que los ladrillos, llegados a Monterosso por vía mar, fueron subidos hasta el Santuario pasándolos de mano en mano.

En 1872, la bóveda fue pintada al fresco por el cura Mentasti con figuras que representan los momentos más significativos de la historia del Santuario. Por el mismo Vinzoni sabemos que el actual edificio dentrás de la iglesia, llamado más tarde “seminario” por el lugar de veraneo de los seminaristas de Brugnato, en el año ‘700 no existía aún. En la plaza  solo existía parte del edificio que actualmente corresponde a las primeras cuatro arcadas. En el siglo XIX y en fechas sucesivas, se fue progresivamente ampliando el edificio y la plaza, en otras cuatro fases, hasta la última de 1929. En la parte posterior son característicos los puentes de piedra que introducen a las habitaciones del piso superior. Los pórticos, que se habían cerrado a comienzos de los años ’50, recientemente fueron reabiertos y reordenados. En vista del Jiubileo del 2000 y por voluntad del finado rector don Sandro Crippa, otros trabajos han dotado al Santuario de un restaurante mucho más grande, obtenido excavando hacia el monte; de una sala para reuniones, construida abajo del actual aparcamiento, y de otras salas, locales y servicios multifuncionales.

Desde la plaza del Santuario, debajo de las viejas encinas, la mirada se extiende hacia Monterosso, que apenas se ve, y adelante el promontorio del Mesco. En días particularmente límpidos, con mayor frecuencia en el otoño avanzado y de invierno, especialmente por la mañana y en la noche, se puede divisar: a la derecha de quien observa, el promontorio de Portofino y más lejos, la costa y los montes que se encuentran arriba de Savona; a través de la llanura de Albenga en algunas oportunidades se divisa la cumbre solitaria del Monviso y los Alpes Marítimos. Casi de frente, como si fuesen señalados por Punta Mesco, se asoman los montes de Córcega.